La época moderna ” The Fast” versus ” The Healthy”

Posted by on nov 24, 2012 in Blog, Salud Holistica | 0 comments

La mayoría conoce de los problemas que causan la comida rápida o “chatarra”, el alcohol, el café y el cigarro en la salud. Tampoco se desconocen los efectos secundarios que provocan el uso de hormonas, pesticidas y la manipulación genética en frutas, vegetales y animales, tanto en el ecosistema como en la población en general.

 Este es uno de los resultados de lo que hoy los teóricos llaman globalización, proceso donde actúan personas, servicios, productos y empresas, quienes buscan satisfacer las necesidades del mercado a cualquier costo social. En este caso, sin importar la salud de los consumidores y del medio ambiente.

 Definitivamente se está viviendo en un mundo competitivo, impulsado por las empresas transnacionales, quienes día a día buscan la forma de ganar nuevos clientes y abrir nuevos mercados. La conciencia en la mayoría de los empresarios industriales se puede decir que está adormecida o simplemente no tienen la voluntad para aplicarla.

Cada vez se utilizan más sustancias químicas artificiales que pretenden reemplazar o mejorar las condiciones de producción tradicional y por lo tanto elevar los niveles de competitividad para tener menores precios y disfrutar finalmente de mayores ganancias.

 El tren de la globalización ha traído consigo nuevos estilos de vida dada la competitividad en las fuentes de trabajo. Las personas deben dedicar más tiempo y energía para conseguir el dinero suficiente que les permita subsistir en una sociedad consumidora y exigente.

 El estilo de vida en la mayoría de las ciudades modernas, dificilita que las personas se desarrollen con un sentido de familiaridad, rebosantes de salud, tranquilidad, estabilidad financiera, y un crecimiento espiritual. Para muchos, es tiempo de hacer un alto y realizar una autoevaluación. Caso contrario, los problemas cada día van creciendo, como una avalancha que destruye todo a su paso, no solo arrasando con la salud física sino también espiritual.

Aquí un ejemplo de lo que ocurre normalmente en una persona que vive en cualquier urbe del mundo.

El día comienza con un sentimiento de cansancio al tener que despertar muy temprano después de haber dormido no más de seis o siete horas. Esa sensación de hacer un esfuerzo supremo para levantarse es el primer indicador de que el cuerpo no ha recuperado completamente su energía.

Después de batallar con las sábanas, el individuo se levanta y se cambia de ropa, muchos acostumbrados a no bañarse y algunos inclusive a no ir al baño a evacuar, solo orinar un poco y listo. Los motivos para actuar así son muchos: ¡Ya no tengo tiempo! ¡Estoy tarde! ¡Hace frío! o simplemente, ¡No tengo ganas!

 Se estima que en la vida moderna, un 70% de la población trabajadora debe cumplir un horario de trabajo de 8 horas diarias. Esta parte de la población tiene mayores posibilidades de llevar una dieta desbalanceada y un estilo de vida rutinariamente desordenado.

 Siguiendo con la rutina diaria, luego de cambiarse, por lo general, las personas toman una o varias tazas de café con azúcar blanca y pan o tostada, mientras van saliendo de casa. Algunos lo acompañan con un cigarrillo. Observando la composición química de estos alimentos, quien los consume inicia el día intoxicando el hígado, la sangre y los pulmones, además de incrementar sus niveles de dependencia hacia la cafeína, teína, nicotina y otros. Hay otros quienes optan por algunas opciones más “saludables” y consumen jugo de naranja antes de comer yogur con cereal y acompañarlo de una taza de café, y finalmente, hay quienes eligen del todo eliminar el desayuno de sus rutinas diarias, eliminando así una fuente principal de nutrientes de sus vidas. Al medio día, durante un pequeño espacio de más o menos 30 minutos, se come en un restaurante de comida rápida una hamburguesa o sándwich con papas fritas, gaseosa o algo similar. Tal vez algunos no tengan tiempo de comer 30 minutos y optan por comer un par de pizzas con salchicha frente a su escritorio. Todos estos son factores que contribuyen a elevar los altos índices de obesidad, diabetes, colesterol, problemas cardiacos y la proliferación de alimentos transgénicos, irradiados, empaquetados, y otros utilizados en la manufacturación de comida rápida o “chatarra”.

 Las consecuencias son simplemente palpables, la mayoría por no decir todas las personas saben que estos elementos químicos son perjudiciales para la salud. Los índices de obesidad, asma, diabetes, colesterol alto, problemas cardiovasculares, vejez prematura, estrés, depresión y otros males, son tan solo la punta del tempano de hielo, que demuestran los efectos secundarios de la vida moderna. Es hora de quitarse las vendas de los ojos y alzar la mirada hacia la verdad que nos afrenta como individuos, y como una humanidad colectiva.

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